El peligro de una idea innecesaria.

A veces creamos ideas innecesarias y nos enamoramos de ellas. Al ver que no funcionan redoblamos esfuerzos para ajustarlas en lugar de cuestionarnos si debemos abandonarlas. En estos casos, iterar solo sirve para afinar una idea que no debe existir.

Hemos escuchado hasta el cansancio que debemos experimentar, aprender y perseverar para mejorar nuestras ideas; que Thomas Alva Edison necesitó más de 1,000 intentos para crear la bombilla eléctrica. Lo que no escuchamos tan seguido es que Edison también tuvo ideas innecesarias que se vio forzado a abandonar porque a nadie le interesaban: un bolígrafo eléctrico ruidoso que necesitaba cargarse cada 30 minutos, un registrador de votos electrográfico que fue rechazado por los políticos pues temían que el dispositivo limitara el poder de negociación para convencer a sus contrapartes y unas muñecas parlantes que en lugar de entretener daban pavor.

Todos generamos ideas innecesarias sin darnos cuenta porque todas las ideas suenan maravillosas antes de probarlas en la realidad. La única manera de saber si realmente nuestras ideas son útiles o no, es experimentándolas. Debemos crear prototipos, iterar y poner atención a las reacciones que tiene la gente al interactuar con nuestras ideas. En ocasiones obtenemos reacciones positivas lo cual indica que vamos por buen camino y que debemos perseverar en el proyecto. Pero otras veces obtenemos reacciones negativas de manera recurrente, ajustamos la idea y las reacciones negativas persisten: la gente no entiende la idea, no le ve utilidad o no dejaría de usar lo que usa hoy para usar nuestra propuesta. En estos casos, lo correcto es abandonar el proyecto y comenzar a trabajar en algo completamente nuevo. Esto no es tan sencillo como parece pues lo más difícil en creatividad es saber matar tus ideas a tiempo. Hacemos caso omiso de resultados negativos y nos aferramos a nuestra querida idea innecesaria en parte por ego y en parte porque todos sufrimos del sesgo de confirmación. Nos decimos a nosotros mismos que estamos en la etapa de prueba y error o que estamos «pivoteando» cuando en realidad estamos perdiendo el tiempo. 

No me malinterpreten, no los estoy invitando a rendirse cuando su idea no esté funcionando. Los estoy invitando a reconocer que a veces los aprendizajes que arrojan los experimentos e iteraciones de nuestros proyectos apuntan a que la idea simplemente no debe existir, que es innecesaria y que si persistimos únicamente estaremos desperdiciando recursos. Recuerda que toda idea necesita atención, tiempo, talento, energía y dinero para ejecutarse. El objetivo de matar nuestras ideas innecesarias es ganar espacio para poder crear nuevas ideas, experimentarlas y así descubrir algo que realmente deba existir. 

La destrucción rápida de tus ideas en el momento correcto es una de las cualidades más valiosas que puedes adquirir.

Charlie Munger.

Matar nuestras ideas es difícil porque las asociamos con nuestra identidad. Si la idea resulta innecesaria no quiere decir que nosotros seamos innecesarios. La idea es la idea y la persona es la persona. En creatividad es fundamental separar nuestras ideas de nosotros mismos para poder criticarlas y desecharlas con tranquilidad. Matar tus ideas no quiere decir matar tu espíritu creativo, al contrario, quiere decir que lo estás desintoxicando para poder crear más.

Deja un comentario